Introducción
Las transformaciones del sistema internacional han dado un nuevo lugar a las regiones, de tal manera que estas aparecen cada vez más como actores influyentes con mayores niveles de coordinación interna –el ejemplo más consolidado de esto es la Unión Europea-. Por esta razón, en esta unidad se estudian algunos aspectos de estas dinámicas en América Latina.
Además de lo anterior, se debe tener en cuenta que los procesos de regionalización en América Latina –la UNASUR, la CELAC, el MERCOSUR y la Alianza del Pacífico aparecen como unas de las muestras más relevantes-, sobre todo en las últimas décadas se han convertido en unos de los derroteros fundamentales de la política exterior de los países que componen la región. Sin embargo, son diversas las actitudes y posturas de los Estados latinoamericanos frente a este tema, lo que conlleva a que, para comprender cómo se han dado estos procesos, se analice la forma cómo han actuado, por lo menos los principales promotores del regionalismo y el enfoque que le han dado a esta acción exterior.
En este sentido, a continuación se analizan, utilizando algunas herramientas de política comparada y determinadas categorías de marcos teóricos como el realismo neoclásico, la forma cómo se han configurado las rutas del regionalismo en la región, teniendo presente que no se ha avanzado en un solo “tipo” de regionalismo, sino que se pueden observar, en las experiencias latinoamericanas, dinámicas que atienden a esquemas de regionalismo abierto, de nuevo regionalismo o de carácter post-hegemónico e incluso, en algunos casos, se presentan hibridaciones de estos diferentes tipos de regionalismo.
Objetivos
Objetivo general
Analizar los procesos de regionalización en América Latina y su impacto en el posicionamiento de los países de este espacio.
Objetivos específicos
- Estudiar las categorías de región, potencia líder regional, potencia secundaria regional y regionalismo.
- Analizar los dos principales tipos de regionalismo presentes en América Latina: regionalismo abierto y nuevo regionalismo.
- Caracterizar las principales estructuras de gobernanza regional en América Latina.
Categorías fundamentales y procesos de regionalización
Antes de dar cuenta de los procesos de regionalización, resulta fundamental tener claras algunas precisiones conceptuales. En este sentido, a continuación se caracterizan de manera resumida, las categorías de región, regionalismo, potencia líder regional y potencia secundaria regional.
Región
Tradicionalmente, las regiones son entendidas a partir de criterios geográficos, por lo que un lugar común en cuanto al análisis de estas es definirlas como un conjunto de países que se encuentran en espacio geográfico más o menos definido. Sin embargo, esta acepción no permite considerar diversos elementos que dentro de los enfoques analíticos contemporáneos de las Relaciones Internacionales, resultan fundamentales. Asumiendo entonces, que la región no puede ser definida sólo por la variable geográfica, elementos como posturas y acciones comunes entre los países y actores no gubernamentales de ese espacio geográfico o la existencia de amenazas o intereses compartidos, se suman a las variables que permiten dar cuenta de la categoría de región. Teniendo en cuenta lo anterior,, Fawcet (2005, p. 24) plantea lo siguiente en cuanto a la categoría de región.
Como plantea Fawcet, se necesita de ciertos elementos comunes como condición para que los Estados que tienen proximidad geográfica –aunque en algunos casos esta variable se relativiza- entablen interacciones cooperativas, de tal manera que se pueda pensar en algunas políticas regionales. Es decir, para que se puedan configurar elementos sistémicos que hagan de la región un “algo” coordinado, por lo menos parcialmente y así poder comportarse como un subsistema dentro del Sistema Internacional.
Potencia líder regional
Las potencias líderes regionales -dentro de las cuales se encuentra Brasil por ser el Estado con mayores atributos de poder en la región Suramericana, aunque en términos latinoamericanos México aparece como un Estado cercano a esta posición, pero nunca sobrepasando el nivel de Brasil- se caracterizan por presentar una doble capacidad de despliegue. Por un lado, se establecen como las potencias regionales y por otro lado como potencias medianas dentro del sistema internacional, pero con el potencial de convertirse en potencias globales (Nolte, 2006, p. 14). Es fundamental tener claro el concepto de protencia global, para lo cual resulta útil la acepción que plantea Hurrel (2006).
Hay que tener presente que las potencias líderes regionales no se despliegan a partir de los códigos que hacen las potencias medianas tradicionales, ya que estas últimas apuntan, sobre todo, a jugar un rol de mediadores entre los intereses de las potencias globales y los demás actores, entre los que están las potencias secundarias regionales o los países débiles, por dar unos ejemplos. En cambio, se podría notar una nueva lógica en la forma cómo actúan las potencias líderes regionales, sobre todo si se tiene en cuenta que estas han apuntado a minimizar su dependencia de los Estados Unidos, entendida como superpotencia, lo que las ha llevado por rutas diferentes a las de las potencias medianas tradicionales; siendo las estrategias de soft power uno de los caminos más recorridos.
Experiencias del regionalismo en América Latina: estructuras regionales y Estados
Desde la década de los 80, debido al empuje del nuevo regionalismo en América Latina, se ha evidenciado la emergencia de diferentes procesos de regionalización que han dado pie a estructuras regionales de diferentes niveles, temas y densidades. Ahora bien, un elemento de análisis que no puede ser dejado de lado a la hora de analizar las estructuras regionales en América Latina es la marcada influencia del presidencialismo, lo que ha llevado a que se entienda que buena parte de las relaciones internacionales en la región se establezcan por medio de la “diplomacia de los presidentes” es decir, que la fuerza de los presidentes sobre las demás instancias estatales de los países latinoamericanos ha hecho que la conexión entre la agenda interna y la externa, siendo más relevante, quizá por motivos electorales la agenda interna, esté dada por el ejecutivo nacional (como se presentó en unidades anteriores, en la región se construyó una articulación bastante densa y confusa entre populismo, dictaduras y presidencialismos, lo que sin duda ha moldeado de manera muy fuerte la interacción regional entre Estados).
Otra precisión necesaria es la de no confundir los procesos suramericanos como parte directamente articulada con los centroamericanos. Es decir, ya no es fácilmente definible lo latinoamericano en términos geográficos, sobre todo si se tiene en cuenta que las tendencias políticas de estas dos subregiones muestran marcadas diferencias, dependiendo del grado de anexión a la política estadounidense, entre otros factores.
Teniendo presente estas advertencias analíticas al analizar las estructuras regionales, se encuentra que habría dos que pueden ser entendidas como las de mayor despliegue, a pesar del debilitamiento reciente de ambas, principalmente de la encargada de la mitad superior del subcontinente suramericano. Tales estructuras son el MERCOSUR y la CAN; en palabras de Gudynas (2006) estas dos conformaciones comprenden casi la totalidad de la región suramericana.
Por otro lado, apunta Gudynas, países como Guyana y Suriname han hecho parte del CARICOM, por lo que no son entendidos como agentes claves en los procesos de regionalización sudamericanos. Ahora bien, es fundamental tener presente que las estructuras regionales han estado sometidas a cambios, en algunos casos abruptos, a partir de la fuerza de los presidentes. Es decir, el presidencialismo y los cambios de parecer frente a la utilidad de las instancias regionales por parte de estos, ha hecho que estas estructuras se estén reconfigurando constantemente, por lo que se puede hablar de una debilidad institucional de estas, lo que las limita a la hora de constituirse en escenarios supranacionales, por lo que se quedan muchas veces en el nivel intergubernamental. A propósito de esto, Betancourt (2012) ofrece una muestra de estas debilidades, sobretodo en el caso de la CAN, luego de los años 90.
Como se puede ver, no se puede hablar de una tradición fuerte en materia de regionalismo, más allá del interés de promover algunos espacios multilaterales. Lo que sí se puede notar, entre avances y retrocesos, es una tendencia para mejorar la operatividad y despliegue de las estructuras regionales, sobre todo a partir de la emergencia de la UNASUR, en el año 2011, a partir de la puesta en marcha del Tratado de Brasilia. Se podría decir que esta estructura, al integrar en su seno a todos los países de Suramérica, se constituye en el esfuerzo más abarcante y sistémico por construir una estructura regional capaz de superar el intergubernamentalismo.
Resumen
Los procesos de regionalización han ganado un protagonismo especial desde la década de los 90, principalmente. Buena parte de esta situación se debe a la relevancia que tienen las regiones para el posicionamiento de los países que la componen, fundamentalmente para las potencias regionales y para las potencias secundarias regionales. Además, se puede notar cómo en Suramérica el regionalismo abierto ha servido para avanzar en la construcción de estructuras regionales que sobrepasan los límites del regionalismo abierto. Instancias como UNSUR, MERCOSUR, OTCA, IIRSA o la Alianza Pacífico se pueden contar dentro de estos esfuerzos, aunque es necesario esperar para pensar en una integración regional.
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Referencias Web
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