Introducción

Los aspectos éticos han sido estudiados casi desde que el hombre logra identificarse a sí mismo, momento en que se cuestiona: ¿cómo hago parte de un todo? y, a su vez, ¿cómo interactúo con todo lo que me rodea? Estos escenarios identifican la capacidad de analizar y cuestionar sobre su vida y entorno, convirtiendo todas aquellas posibilidades para que el campo de las ciencias se amplíe, busque la dinamización acelerada y se haga más complejo, mediante la creación de nuevas variables que las influyen.

Estos elementos identifican al hombre como generador y constructor de conocimiento. También son formas y representaciones imaginarias que establecen relaciones entre diversas disciplinas y ciencias (unas en consolidación, otras en nacimiento), entre ellas la neurociencia, la neuroética y la neuroeconomía.

Objetivos

Objetivo general

Describir el contexto investigativo en el que se desarrollan los escenarios de la neuroética y la neuroeconomía, basado en una correlación conceptual e histórica.

Objetivos específicos

  1. Identificar los elementos históricos comunes entre la neuroética y la neuroeconomía.
  2. Describir los conceptos que emergen de la relación entre neurociencia, ética y economía.
  3. Relacionar el escenario prospectivo en el estudio de ambientes basados en toma de decisiones e incertidumbre, bajo la practicidad de la ética en los negocios.

Competencia global

El estudiante podrá caracterizar los aportes de la neurociencia en el contexto económico para la toma de decisiones e incertidumbre económica.

Competencias específicas

  1. El estudiante estará en la capacidad de identificar los elementos que constituyen el marco relacional entre la neuroética y la neuroeconomía, basado en la ética de los negocios.
  2. El estudiante estará en la capacidad de describir los conceptos que emergen de la relación entre neurociencia, economía y ética de los negocios.
  3. El estudiante estará en la capacidad de relacionar el escenario neurocientífico con el contexto ético - económico.

Competencias transversales

  1. Capacidad de generar en el estudiante una postura crítica frente a la evolución de la ética de los negocios y empresariales.
  2. Motivar en el estudiante la visión de trabajo interdisciplinario, bajo el análisis de dilemas éticos, inmersos en la dinámica de los negocios.
  3. Comprender que la estructura donde se desarrolla la toma de decisiones está influenciada por diversas variables que, en el caso particular de la neuroética, particulariza los elementos fisiológicos del cerebro con el comportamiento humano.

La neuroética frente a la neuroeconomía

Conciencia es todo aquello relacionado con la percepción sensible. David Chalmers, filósofo australiano, especializado en la filosofía de la mente humana y actual director del centro de estudios de consciencia de la Universidad Nacional de Australia, establece dos conceptos fundamentales de la conciencia (ver video relacionado): el primero, hace referencia al concepto de conciencia como algo fenoménico de la mente, equivalente al estado mental conscientemente experimentado del ser humano. En un segundo plano, habla de conciencia como un concepto psicológico de la mente, como base explicativa de la conducta. Estos elementos han establecido la correlación fundamental para dilucidar una primera aproximación para el estudio de la conciencia desde un orden filosófico y psicológico.

Antonio Damasio relaciona la conciencia como un estado mental o estado consciente. En su proceso funcional el ser humano se identifica a sí mismo, concepto básico a nivel científico que evidencia la capacidad cognitiva del cerebro parar reconocer los estados de conciencia.

Carter (CARTER, 2009. Pág. 177) establece diferentes tipos de conciencia, de acuerdo a la percepción; también afirma que existen varios niveles de conciencia, los cuales dependen de la interrelación de pensamientos, intenciones y hábitos que, en términos filosóficos y antropológicos, definen la “conciencia del yo” (autoconciencia).

En el ámbito de la neurociencia hay un amplio debate: ¿la conciencia se da únicamente en estado de vigilia? Los diferentes elementos argumentativos evidencian el enfrentamiento científico respecto al estado ideal de conciencia. “Estar despierto”, “tener una mente operativa” o, sencillamente, “tener en la mente un sentido de si mismo” no son evidencias praxiológicas a nivel funcional cerebral que evidencien un estado de conciencia (Damasio, 2010); sin embargo, son un punto de partida para estudiar los aspectos que condicionan (a nivel fisiológico y anatómico cerebral) la generación y estructura de la conciencia.

El campo neurocientífico aborda la conciencia a partir de procesos internos neuronales en el sujeto, donde hay condiciones de percepción a través de estímulos que proceden el mundo externo e interno al cuerpo humano, mecanismos de respuesta al objeto de reacción, biológicamente argumentados desde un enfoque darwiniano como un instinto de conservación (Lucci, 2009).

La conciencia procede a la canalización de energía a nivel cerebral, traducida en flujos de información neuronal basada en actividades eléctricas, ondas cerebrales que reflejan la activación neuronal (EEG -electroencelografía-), cuya interrelación energética genera diversos campos magnéticos a nivel cerebral (MEG –magnetoencefalograma-), elementos fundamentales para establecer la duración en cada actividad cerebral.

Una ética especializada (bioética) a través de la neuroética

Diferentes hechos históricos han marcado notorios acontecimientos en la transformación del pensamiento del hombre, fundamentales para la generación de los nuevos paradigmas de la ciencias (Kuhn, 1975). En la transformación del pensamiento es donde la neuroética nace como espacio articulador, en el que convergen bioética -como una ética especializada- y neurociencia, características diferenciadoras que se entrelazan para responder: ¿cómo funcionan el cerebro y sus campos biológicos articuladores, a la luz del comportamiento y la conducta humana?

Esta premisa fundamenta la aparición de una nueva dimensión científica: la neuroética, convirtiéndose en “Un nuevo paradigma innovador, que surge desde la epistemología de las neurociencias, cuyo sentido se orienta a analizar y reflexionar, de forma equilibrada, lo concerniente a la conducta en las neurociencias y las neurociencias de la conducta” (Ramos Zúñiga, 2014).

El objeto de estudio de la neurociencia en dos escenarios (los cuales no son excluyentes entre sí):

  1. Ética de las neurociencias
  2. Neurociencia de la ética

La bioética y sus aspectos neurocientíficos son universos conexos que, estudiados simbióticamente, permitirán encontrar elementos comunes para generar la creación de espacios de discusión alrededor de la bioética, desde una mirada de la neurociencia (Pautassi Grosso, 2013).

La bioética afronta un sinnúmero de problemas, elementos sustentados en la búsqueda de la solución de problemas y la toma de decisiones a niveles macro y microbioéticos, situaciones que evolucionan a través del tiempo en condiciones especiales de tratamiento que sugieren visiones más especializadas.

Compendios éticos del orden moral, el valor del individuo y la dignidad son parámetros que comienzan a ser observados por la neurociencia, enmarcados en escenarios neurológicos a través de la interrelación de los campos cerebrales, en cuyos espacios biológicos se forman y construyen diversas preguntas, algunas de las cuales sería imposible no trabajarlas desde una discusión del campo de la neuroética.

Las herramientas de neuroimagen son necesarias en el campo bioético, debido a que desempeñan un rol clave en la interpretación de la información obtenida de los componentes cerebrales y su relación con el comportamiento humano, lo que las convierte en fuente de información cualificada, (apropiada para la representación funcional del cerebro y sus componentes).

Para algunas áreas del campo económico, administrativo e industrial, la bioética se consolida como disciplina articuladora dentro de las neurociencias -a través de la neuroética-, incluyendo nuevos términos como neuroeconomía, neuromarketing, entre otros (Braidot, 2010). Su participación, además de permitir conocer las relaciones funcionales del cerebro, facilita la identificación de la fuente neuronal donde nacen las necesidades intrínsecas del hombre (creadas o no creadas, por y para el hombre).

Esta interrelación, cuya direccionalidad está enmarcada por la neuroética, demuestra que los elementos de la neurociencia no solamente se refieren a la consolidación de información (en este caso particular, estudios de mercado y construcción de necesidades no creadas por el hombre), también avanza en la arquitectura de saberes, así como en la forma y estructura del funcionamiento de la conducta humana, objeto trascendental de estudio de la neuroeconomía.

Economía del bienestar

La economía ha evolucionado en la manera como observa la realidad, identifica con mayor precisión las limitaciones en la asignación de recursos, dinamiza con mayor eficiencia el uso de los mismos y genera un desarrollo y crecimiento sostenibles, paulatinos y estables, objeto de la economía del bienestar (ver desarrollo).

A partir de su autonomía el ser humano tiene el derecho natural de hacer sus propias escogencias, por lo que los estudios de neurociencia, en la búsqueda de identificación de su comportamiento y dinamización en la toma de decisiones, fortalezcan y no sustituyan el bienestar humano, con miras hacia una construcción de una “buena vida”, fin de la verdadera economía del bienestar.

Desde la ética de la neurociencia, la neuroética debe evaluar los avances tecnocientíficos (beneficencia y no maleficencia), cuya identidad busca promover el bien del semejante y evitar la actuación humana “por encima de todo”, permitiendo una construcción colectiva del posible estado de bienestar para equilibrar la naturaleza humana, inmersa en la economía predictiva maximizadora.

En el ámbito de los negocios emerge el principio de justicia como la voluntad de proporcionar a cada quien lo que le corresponde, para eliminar el “agujero negro” de la economía del bienestar, caracterizando esa “valoración humana”, no desde el “valor” en un sentido utilitarista, sino desde los idearios posibles de equidad (Rawls, 2002), convirtiéndose en un mediador de equilibrio en la toma de decisiones en los campos de negociación.

Hagamos un repaso de los conceptos que hemos visto en esta unidad de estudio, para verificar si hemos prestado atención o si debemos estudiar de nuevo: ir a la actividad.

Resumen

Esta unidad abordó tres temas que permitirán comprender la relación práctica entre neuroética y neuroeconomía, conceptos sido abordados en las unidades uno y dos.

En el desarrollo del conocimos las especificidades del contexto fisiológico del cerebro, expresadas en niveles de conciencia humana, con el objetivo de identificar el porqué de la conducta humana. La ética especializada a través de la neuroética es un escenario fundamental para el estudio de la neuroeconomía desde la vulnerabilidad humana, donde la dinámica neuroética (como eje fundamental de análisis epistémico), evidencia que la manipulación neurocientífica (al servicio de la neuroeconomía) permite que la voluntad y el raciocinio de los seres humanos sean cada vez más vulnerables a la dinámica económica.

Finalmente, la economía del bienestar busca una valoración humana que abre una espacio a la ética en los negocios desde la neuroética, abordando con mayor precisión sus efectos al dimensionar la ética de los negocios en un ambiente de constante cambio organizacional.

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