Introducción

La economía trata de explicar el comportamiento de las personas en los procesos de producción, distribución y consumo bajo la suposición que toman decisiones racionales, con plena información. Sin embargo, no puede explicar con certeza esta conducta, pues la toma de decisiones es un proceso complejo, normalmente desarrollado por el conocimiento de los fenómenos, razón por la que la psicología plantea que este proceso es el resultado de la permanente la interacción de factores emocionales, sociales y educacionales. La neurociencia analiza los mecanismos fisiológicos y biológicos que explican la conducta de los seres humanos (Maldonado, 2012).

Algunos autores (Lavin, 2011) detacan el avance de la producción científica en el área de las neurociencias en su búsqueda para comprender los mecanismos que utiliza el cerebro en los procesos de monitoreo, aprendizaje y toma de decisiones bajo condiciones de incertidumbre. Es precisamente el funcionamiento de estos mecanismos los que dan origen a un nuevo campo de estudio que relaciona las neurociencias con la economía: la neuroeconomía (Glimcher, 1999).

Su principio básico consiste en que los problemas económicos son competencia exclusiva de la ciencia económica. La economía forma parte de un aspecto del comportamiento humano, pero se relaciona con otras ciencias que abordan otros aspectos, como la ética, la sociología, la política, la religión etc. Igualmente, la economía apoya la respuesta a otros interrogantes de otras ciencias sociales (Garcia, 2015). La neuroeconomía utiliza herramientas de análisis de la neurociencia, la psicología y, lógicamente, la economía. A partir de imágenes de resonancia magnética, la neuroeconomía explica y estudia la toma de decisiones económicas, para correlacionarlas con la actividad cerebral (Prelec, 2008).

La neuroeconomía tiene sus orígenes en dos momentos: durante los acontecimientos posteriores a la revolución económica neoclásica de la década de 1930 y el nacimiento de la neurociencia cognitiva durante la década de 1990 (Cohen, 2010) (Ver desarrollo histórico).

Objetivos

Objetivo general

Abordar el novísimo campo de la neuroeconomía para que el educando encuentre, analice y argumente el efecto biológico del funcionamiento neuronal en la toma de decisiones económicas frente a la tradicional posición económica de expectativas racionales.

Objetivos específicos

  • Relacionar al estudiante con el concepto de la neuroeconomía y el funcionamiento cerebral con su consecuente influencia en la toma de decisiones económicas.
  • Ofrecer a los participantes los avances más significativos en la neuroeconomía.
  • Encontrar opciones alternativas de sustento científico para el análisis de toma de decisiones económicas.

Competencia global

Argumentativa: caracteriza los fundamentos epistemológicos de la neuroeconomía, frente a la posición ortodoxa de la ciencia económica en la toma de decisiones económicas.

Competencias específicas

  • Analítica: identifica los elementos que constituyen el marco fundamental en el que se desarrolla la neuroeconomía.
  • Descriptiva: describe los conceptos que emergen de la relación entre sicología, neurología y economía.
  • Síntesis: puede relacionar el escenario económico con el neuronal en el contexto ético de un mundo globalizado.

Competencias transversales

  • Crítica: asume postura racional frente a situaciones biológicas y económicas.

  • Motivadora: el estudiante podrá emprender actividades de estudio y análisis multidisciplinario para la realidad económica.

Crítica a la formación de las expectativas desde la misma economía

La hipótesis de expectativas reales (HER) es uno de los pilares de la escuela neoclásica, bajo el supuesto de ser una teoría lógica; también abrió un debate frente a la naturaleza de los supuestos que usan los economistas en sus modelos.

La capacidad explicativa frente a la predictiva fueron los puntos de partida para juzgar la validez del uso de supuestos extremadamente forzados e irreales. Si el objetivo de la ciencia económica es explicar las relaciones observadas en la realidad, debe llevar a una aplicación del método científico para deducir (a partir de afirmaciones) juicios que describen las relaciones (a partir de premisas generales) que no pueden ir en contra de la realidad.

Simón (1977) plantea que racionalidad implica que los agentes ajustan sus acciones a partir de un conjunto de alternativas para la toma de decisiones, así como un total de posibles resultados y, finalmente, la toma de la decisión que minimiza las pérdidas. Sin embargo, estas condiciones no se cumplen en la práctica, pues los agentes normalmente no consideran todas las alternativas posibles y los resultados que pueden derivar sus decisiones (pues no cuentan con información completa). También describe la limitada capacidad de los agentes para adquirir conocimientos, procesarlos y predecir comportamientos. Por ello, los empresarios no establecen criterios óptimos de decisión, simplemente establecen metas (Simón, 1997).

Toma de decisiones desde la neuroeconomía

Con el surgimiento de la Sociedad de Neuroeconomía (a inicios de la década del 2000), la toma de decisiones es abordada a partir de los procesos cerebrales, no exclusivamente desde principios económicos.

Dicho comportamiento, medido a partir de impulsos, es analizado por la neurociencia mediante imágenes de la actividad del cerebro, junto con técnicas de la medicina y la psicología, para inferir cómo trabaja frente a los estímulos (Camerer, 2005). Antes de ejecutar labores cognitivas, el afecto aparece primero en el cerebro, luego es contralado según los individuos puedan controlar sus emociones. Otras investigaciones han demostrado que la actividad del cerebro sigue patrones cognitivos y afectivos para tomar decisiones, evidenciando que los individuos acuden a sentimientos y estados afectivos, razón por la que las actividades económicas están fuertemente influenciadas por emociones y sentimientos (Zajonc, 1998). Por su parte Baumeister demostró que tomar decisiones debilita la fuerza de voluntad (Baumeister, 2003).

La neuroeconomía surge como una rama de la neurociencia enfocada en analizar el comportamiento económico de los agentes durante el proceso de toma de decisiones tendientes a minimizar los efectos de la escasez. Con el avance de modernas técnicas científicas, que permiten generar registros digitales para reproducirlos y revisarlos, se logra conocer qué sucede en el cerebro humano cuando funciona: razona, analiza, toma decisiones y predice conductas de agentes económicos (A., 2007).

Hagamos un repaso de los conceptos que hemos visto en esta unidad de estudio, para verificar si hemos prestado atención o si debemos estudiarlos de nuevo: ir a la actividad.

Resumen

La incapacidad de la economía y la psicología para explicar el mecanismo de la toma de decisiones de manera independiente origina un nuevo campo de estudio: la neurociencia, que relaciona las neurociencias con la economía, donde los problemas económicos no competen exclusivamente a la la ciencia económica (pues la economía forma parte de un aspecto del comportamiento humano) pero se relaciona con otras ciencias que abordan campos como la ética, la sociología, la política, la religión, etc.

Para la escuela clásica de la economía, el mercado define el comportamiento de elección y agregación de los agentes; pero la perspectiva keynesiana busca regular la conducta de los consumidores para controlar las fluctuaciones económicas mediante políticas fiscales y monetarias. Las decisiones de consumo o producción se toman para necesidades con la disposición de recursos. La teoría clásica ha planteado uno de los supuestos más fuertes y cuestionados por escuelas menos ortodoxas: la racionalidad de las expectativas y la plena información. Uno de los puntos más cuestionados es si los agentes están formando adecuadamente dichas expectativas: ¿Los agentes toman decisiones de elección (consumo o producción) de forma racional o es un proceso subjetivo y emocional?

El proceso de toma de decisiones para la neuroeconomía es totalmente distinto, pues aborda los procesos cerebrales, sin limitarse a los principios económicos. Ese comportamiento es analizado mediante imágenes de la actividad del cerebro y técnicas médicas y psicológicas, para determinar cómo reacciona frente a los estímulos. La actividad del cerebro sigue patrones cognitivos y afectivos para tomar decisiones e indica que los individuos acuden a diversos estados afectivos, por lo que las actividades económicas están fuertemente influenciadas por estos sentimientos.

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