Introducción

La globalización, como fenómeno de integración mundial, ha generado en las sociedades modernas una serie de incertidumbres, conflictos y desajustes, donde lo único permanente es el cambio.

En este contexto, se ha puesto de manifiesto las carencias éticas en la actuación de las culturas, y dentro de ellas las diferentes empresas. Los valores de nuevo ocupan el primer plano de las demandas de los ciudadanos, como brújula para sortear las incertidumbres y como factor de estabilidad para afrontar las crisis y los conflictos.

Como sistema social integrado por individuos y grupos de trabajo, la empresa desarrolla unos valores comunes que permiten que se dinamice la actividad laboral de las personas que realizan sus acciones en constante interacción con el entorno que la rodea, buscando un equilibrio y una transformación constante de los recursos en procura del bien común.

Pero resulta importante reconocer que son las personas las que generan valor para la empresa, pues son las que se constituyen en la mayor palanca del beneficio para las empresas. El aspecto clave para sustentar una empresa rentable o una economía sana es la productividad de su fuerza laboral; es decir, su capital humano.

Toda persona es un fin en sí misma y no un medio para lograr los fines de la empresa. Cuando una empresa es promotora de valores y cada uno de sus miembros se constituye en un motor de progreso, se percibe a la empresa como altamente humana y socialmente responsable.

Entonces, la ética de la empresa resulta ser todos aquellos principios, normas y valores que la organización define para orientar el comportamiento de sus colaboradores. Allí se integran el conjunto de valores como la honestidad, el respeto y la justicia, al igual que las propias políticas y prácticas y en la toma de decisiones en todos los ámbitos de la empresa.

De esta manera la ética civica es el resultado del conjunto de principios mínimos aceptados por la sensibilidad pluralista de las sociedades democráticas que influye profundamente en la empresa como organización, asumiendo esos principios como suyos y contribuyendo a su transformación ya que ésta se encuentra inmersa en un contexto social.

Objetivos

Objetivo general

Analizar de manera crítica los elementos fundamentales que constituyen los principios, normas y valores de las empresas y que hacen posible los desafíos de la ética en las sociedades modernas.


Objetivos específicos

  • Identificar los aspectos fundamentales que definen la identidad de una empresa cuando es promotora de valores, que contribuye de manera efectiva en las transformaciones sociales.
  • Reflexionar los desafíos de la ética cívica, en una sociedad pluralista para definir el compromiso en el ejercicio profesional, para con la empresa, el público y la sociedad en general.
  • Analizar de manera crítica, algunos casos concretos de acciones éticas, siguiendo los elementos trabajados en la unidad

Concepto de empresa

Resulta significativo realizar inicialmente la diferencia entre el concepto de organización y empresa. El primero de ellos hace referencia a cualquier institución social, más general que la empresa, como la familia, una iglesia o un sindicato, donde las personas que interactúan pretenden lograr determinados objetivos, o satisfacer necesidades humanas.

Por su parte la empresa hace referencia al aspecto económico y social que tiene como propósito fundamental el alcanzar utilidades para su sostenibilidad y fortalecimiento dentro de la industria y que está conformado por aspectos técnicos, materiales y humanos.

En palabras del autor y sociólogo Antonio Lucas Marín resulta ser una modalidad específica de organización, formada por un conjunto de personas en interacción mutua, duradera y específica, agrupadas para conseguir un determinado fin en el campo de la producción y distribución de bienes y servicios escasos.

La empresa se presenta como una única organización dirigida a conseguir, mediante la colaboración de todos, un fin económico preciso y claramente determinado.

Como unidad económica, la empresa agrupa y coordina alrededor de un proyecto, los recursos materiales y las personas, en espacios de libertad, creatividad y fraternidad que como puntos de realización, le aportan materiales, capacidad de trabajo para satisfacer necesidades comunes y las de los clientes.

El fenómeno de la globalización y su influencia en la empresa

La empresa no es ajena a las dinámicas mundiales en donde la globalización ha generado un impacto directo y representativo en la manera en que se manejan los negocios en la actualidad. Prácticamente se asume una condición constante de transformaciones que según lo expresa el autor y experto en ética y negocios Francisco González es una manera de "generar incertidumbres, desajustes y conflictos tanto a nivel social, enfrentando a sectores que toman actitudes y visiones diferentes respecto a los cambios, como a nivel personal.

Y esta inquietud se ha visto exacerbada por la crisis económica y financiera que, entre otros problemas del sistema global, ha puesto de manifiesto las carencias éticas en la actuación de muchas entidades y ha situado de nuevo a los valores en el primer plano de las demandas de los ciudadanos, como brújula para sortear las incertidumbres y como factor de estabilidad para afrontar las crisis y los conflictos” .

Entonces el hombre se concibe y se convierte en un vendedor de su capacidad de trabajo dentro de un mercado que carece de fronteras. Cada trabajador compite con todos los demás trabajadores del mundo y ahí donde se sitúen los más productivos, los más eficaces, los más capacitados y los más baratos, es donde se ubican las fuentes de trabajo; así el hombre se convienrte en un productor, un vendedor o un consumidor. La anterior dinámica le hace perder su dignidad, pues para ser más, se necesita tener más y así poder comprar más.

Con lo anterior, la realidad se torna injusta y las relaciones humanas son mediadas por la producción y crean un tipo de hombre simbólico, que vive convertido en un creador, interpretador, receptor, consumidor, modificador y corruptor de la semiótica de la tecnología y de la sociedad. Un hombre que pierde la capacidad de comunicación directa, personal, dejando de lado la conversación, el encuentro de los afectos, del olfato, la vista, el tacto y la postura.

El hombre como el capital más rentable de la empresa

Para los accionistas las personas son las que generan el verdadero valor para la empresa y por ello el ideal de las directivas es poder potenciar el capital intelectual a través de la formación y motivación de sus empleados que , apoyados con una mayor y mejor tecnología en los equipos estructurales, ofrecen una mayor productividad.

Al respecto el profesor y autor de economía Francisco Javier Calamonte afirma que "las personas se constituyen en la mayor palanca del beneficio para las empresas. Todos los demás activos de una organización son inactivos; recursos pasivos que precisan la intervención del hombre para generar valor. El aspecto clave para sustentar una empresa rentable o una economía sana es la productividad de su fuerza laboral, es decir, su capital humano".

De acuerdo con lo anterior, las personas que se encuentran motivadas y preparadas se constituyen en un gran motor para la prosperidad de la empresa. A su vez esta motivación se traduce en compromiso y mayor dedicación a sus labores que redunda en una mayor productividad y ganancia para la compañía.

Adicionalmente, la participación de las personas en las decisiones de las empresas evita el desgaste de convencimiento de cada empleado y logra de manera efectiva el compromiso. Con ello, se reduce el tiempo en procesos internos, facilita la organización al no existir duplicidad de actividades y mayor planeación. En una palabra, se trata de ser más eficientes, y esto a su vez genera mayor competitividad y una labor motivada y de mayor calidad.

La empresa como promotora de valores

Una empresa que promueve y aplica los valores, disminuye la rotación de personal, los trabajadores al identificarse con la empresa se motivan, son leales y esto redunda tanto en el beneficio de la compañía como en el personal que la conforma.

Al mismo tiempo, se establece un balance entre la vida personal y laboral al propiciar, como ya se ha mencionado, eficiencia en el trabajo. Los empleados que reflejan altos valores morales en todas sus acciones brindan seguridad y confianza al cliente, quien resulta ser el que da sostenibilidad al negocio.

La organización, como sistema de valores, se configura como una empresa virtual en cuanto se concibe como un conjunto de redes de trabajo y de cooperación, apoyadas en la información común. Esta última es la que permite a su vez enlazar con otras redes y equipos de trabajo de otras empresas. Con ello, se genera un mayor potencial de beneficio al disminuir las cargas operativas; esto es lo propio de una comunidad virtual.

Adicionalmente el compartir una visión y los valores corporativos, acompañados del influjo mutuo interpersonal de los valores de cada partícipe, es un motor de progreso para la empresa y para las personas. Es así como se percibe a la empresa como altamente humana y socialmente responsable.

Lo anterior, se debe notar en términos de resultados económicos, debido al incremento de la productividad, de la elevación de la calidad y del servicio, del rendimiento del trabajo en equipo, la reducción de costos al aumentar la eficiencia, el aprovechamiento del tiempo, la rapidez y efectividad de la comunicación y la retroalimentación que permite rectificar errores y el rumbo.

Ética de la empresa

La ética de la empresa se refiere a aquellos principios, normas y valores que la organización define para orientar el comportamiento de sus colaboradores. Por eso, cuando una persona se vincula y hace parte de la empresa, reconoce los principios de la organización y los hace suyos, y así articula sus acciones y manera de proceder en el desempeño personal y laboral.

Cuando una empresa es coherente con la ética y su quéhacer cotidiano se mantiene en una constante preocupación por los empleados y busca mantener un clima laboral mediado por las relaciones de cordialidad, diálogo, buena remuneración, sentido de familia, incentivos y seguridad.

De otra parte, la ética empresarial también es una disciplina académica; un estudio sistemático de la moralidad en los negocios, las prácticas empresariales, los valores y todo lo que encontramos en la realidad. El fenómeno de la globalización de los negocios, la informática, la revolución digital y el progreso de la tecnología de la información cambiaron aún más los negocios y dieron lugar a nuevos aspectos éticos relacionados con la privacidad y la propiedad intelectual. Resultado de ello, ha sido el marco conceptual que se ha desarrollado en torno a la responsabilidad social de las empresas y el establecimiento de los códigos de ética, que se trataron en la unidad anterior, como medios que definen la labor de las empresas en los diversos entornos culturales.


Lectura
complementaria

La responsabilidad social: componente ético de las empresas

La responsabilidad social corporativa ha pasado a ser un aspecto significativo en las empresas, pues además de preservar el medio ambiente es una manera en que es posible garantizar mayor sostenibilidad en el tiempo y reducir los gastos y los riesgos.

Este nuevo enfoque en la manera de hacer negocios ha hecho replantear los esquemas tradicionales de gestión empresarial, permitiendo que las empresas se constituyan en motores de desarrollo económico, pero de manera ética y socialmente responsable, sin priorizar el beneficio o la utilidad económica.

El componente ético de la responsabilidad social corporativa se establece por las reglas éticas y no simplemente por las exigencias de grupos con intereses creados.

Las empresas tienen la responsabilidad de conocer el entorno en el que operan, tanto legal como geográficamente y el marco de diálogo y de consenso debe realizarse con: empleados, proveedores, gobiernos nacionales y regionales, clientes, consumidores y organizaciones sociales, entre otros.

El manejo de las relaciones de la empresa con sus grupos de interés permite, de una manera natural, efectiva y en un adecuado clima de confianza, desarrollar esa cultura ética empresarial basada en valores universales como la honestidad, la transparencia, la comunicación y el diálogo.

La ética cívica en el ámbito de la empresa

El autor Emilio Martínez define la ética cívica como la ética propia de las sociedades pluralistas en las que ya no hay “verdades absolutas” y se impone por tanto el “derecho a la diferencia”, en virtud del cual cada persona puede elegir libremente en quién creer, cómo vivir y qué hacer.

De ahí, que la ética cívica, está constituida por unos principios mínimos aceptados por la sensibilidad pluralista de las sociedades democráticas; se constituye como un espacio común de coincidencia de las diversas éticas, con unos valores que son aceptados.

Por eso, no es una ética global ni completa, sino modular; es un conjunto de valores que no pertenece en exclusiva a ninguna de las éticas comprensivas, sino que aparece como una parte de cada una de ellas y que se repite con estilo propio en todas ellas.

En sí esta ética se materializa en una sociedad democrática que comprende que solo desde el respeto por la pluralidad es posible la convivencia pacífica entre quienes buscan alcanzar una diversidad de propósitos. Es entonces cuando aparece la tolerancia, entendida como el respeto por las ideas de los demás y la aceptación en un clima de sana convivencia.

La tolerancia como respeto cívico es una condición de posibilidad de la convivencia pluralista y otro aspecto fundamental para convivencia en una sociedad plural, es el establecimiento de un marco de libertades cívicas para todos.

Resumen

La ética de la empresa principalmente orienta el comportamiento de sus colaboradores hacia la promoción de los valores de honestidad, respeto y justicia. Cuando una persona se integra a una empresa, asume estos principios como suyos, ya que reconoce determinados valores y derechos compartidos porque se encuentra inmersa en un contexto social.

Una empresa que promueve valores, disminuye la rotación de personal y genera sentido de pertenencia; los trabajadores se integran de manera más dinámica afianzando la lealtad al interior de la compañía y hacia afuera con los clientes y a la misma familia.

La promoción de valores se traduce en eficiencia en el trabajo y esto a su vez despierta seguridad y confianza en el cliente de quien finalmente depende la sostenibilidad de la compañía.

La ética empresarial, como disciplina académica, es el estudio sistemático de la moralidad en los negocios, las prácticas empresariales, los valores y todo lo que implica la cotidianidad.

El manejo de las relaciones de la empresa con sus grupos de interés permite, de una manera natural, efectiva y en un adecuado clima de confianza, desarrollar esa cultura ética empresarial basada en valores universales.

Cuando la práctica empresarial esta mediada por la ética, los beneficios son muchos: mayor eficacia en el funcionamiento, ahorro en costos de coordinación y de supervisión.

Una empresa además promueve una ética cívica, a través de los valores de libertad, igualdad, solidaridad, respeto activo y recurso al diálogo como camino para resolver los conflictos que son parte de la cotidianidad laboral y que al manejarlos adecuadamente fortalecen las relaciones interpersonales y abren espacios de tolerancia y reconocimiento al otro.

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Referencias Web